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Vidas partidas: la pandemia se ceba con las familias latinas

Nominado a los Premios del Club de Prensa de Los Ángeles 2020

Lea el reportaje en Publico.es

Julio de 2020

En medio de una pandemia que ha afectado con mayor crudeza a la comunidad latina de California, la familia García se prepara para dar el último adiós a su padre a ambos lados de la frontera

Antelmo García fue el primero de su familia en hacer un día las maletas y poner rumbo a EEUU. Llegó a California en 1984 procedente de la pequeña localidad de Santa María Pipioltepec, situada en el Valle de Bravo, a menos de dos horas de la Ciudad de México. A lo largo de las décadas, realizó múltiples viajes a su tierra natal. Uno de los más emotivos fue hace diez años: para limpiar la tumba de su padre Roberto y honrar su memoria. Si la pandemia lo permite, en unas semanas, Antelmo recorrerá de nuevo ese mismo camino para sumarse a su progenitor en otro viaje. Esta vez, sin retorno.

“Será incinerado y nuestro plan es ir a México a regarlo en la tumba de mi abuelo para que pueda estar con él”, explica en entrevista con Público Michelle Flores García, una de sus hijas. “Ése era su deseo”.

El pasado 22 de mayo, a las puertas de su 65º cumpleaños, Antelmo falleció por covid-19 tras batallar contra el virus durante más de dos meses en un hospital de Los Ángeles. Su corazón dio el último latido poco después de que sus hijos decidieran dejarlo descansar. “Aunque fuera por videochat, le agradezco a los doctores que nos hayamos podido despedir de él”, afirma su hija entre lágrimas.

El caso de este mexicano se suma así a los más de 1.630 latinos que han muerto por la enfermedad en California —el grupo étnico junto a los afroamericanos y los isleños del Pacífico más afectado por la pandemia, tanto en cifras de contagios como en muertes en proporción al número de habitantes—.

Antelmo dedicó su vida a trabajar entre los fuegos de la cocina, una pasión que cultivó desde que era joven. Junto a Lourdes, la que fue su mujer durante años, preparaban tamales y los vendían en puestos ambulantes, tiendas y talleres de las calles angelinas. El destino también quiso que fuera en el trabajo, mientras preparaba hamburguesas y patatas fritas en un restaurante de comida rápida, donde Antelmo contrajo el coronavirus.

Lo cuenta su hija, que hasta que se declarara la pandemia, trabajaba como asistente en una clínica dental y le había entregado a su padre una mascarilla que él nunca llegó a ponerse. “Su jefe no lo dejó por miedo a que los clientes se asustaran”.

Hoy, en el modesto apartamento de Antelmo situado en Pasadena, su hija Michelle y su hijo Emmanuele han rescatado varias fotografías familiares y las han colocado sobre la mesa del salón. Entre ellas sobresalen unos botines blancos que este devoto de Vicente Fernández se ponía cuando saltaba a la pista de baile y que complementaban los trajes de color blanco por los que recibió el apodo “el palomo”.

“A mi papá le encantaba bailar y eso es algo que me dejó”, relata Emmanuele mientras fija la vista en los zapatos marrones que su padre llevaba cuando ingresó en el hospital y con los que nunca recorrió el camino de salida. “Es lo único que me dieron de él“, lamenta.

En la estantería y sobre la mesa también reposan poemas que Antelmo escribió a lo largo de los años, algunos impresos en tinta azul sobre servilletas de restaurante; otros en cuadernos y hojas sueltas. Con un gesto sutil, Emmanuele levanta un folio de color blanco y recita las primeras líneas antes de verse embriagado por la emoción y parar unos segundos para coger aire y contener el llanto.

“Querido Amor: Hoy quiero decirte, hoy quiero decirte que fue algo maravilloso conquistarte y amarte…”.

El poema está dirigido a la mujer de Antelmo, que falleció hace dos años por cáncer de pecho. Cuando Lourdes cayó enferma, y a pesar de que la pareja llevaba años divorciada, él se trasladó al apartamento de ésta para hacerse cargo de sus cuidados. Tras la muerte de Lourdes, Antelmo y Emmanuele hicieron del piso de ella su hogar permanente. “El día que mi mamá falleció hace dos años, fue difícil para mi papá decidir irse y se quedó acá“, relata Michelle.

Ahora, en el que un día fuera el hogar de los García, sólo vivirá Emmanuele, que está cursando la carrera de arquitectura y perdió el trabajo en una floristería al estallar la pandemia. Dice el joven que no sabe cómo pagará todos los gastos que la familia debe afrontar, entre ellos, la posible factura del hospital que los hermanos temen recibir.

La crisis sanitaria también ha dejado a Michelle sin trabajo, y aunque está cobrando la prestación por desempleo y recibió un cheque de estímulo de 1.200 dólares del gobierno federal, reconoce que a su marido y a ella apenas les alcanza para cubrir las facturas y el alquiler. La muerte de Antelmo ha expuesto a la familia a gastos adicionales para los que ninguno de los hermanos estaba preparado. “El gobierno no está haciendo lo suficiente para ayudar a los afectados“, se queja.

Por eso, hace unos días, Emmanuele inició una campaña en GoFundMe que ya ha logrado recaudar los 6.000 dólares requeridos para cremar a Antelmo y darle la despedida que había pedido.

Esta primavera el luto se ha cernido sobre los García a ambos lados de la frontera, porque dos de los cinco hijos de Antelmo viven en la Ciudad de México. A lo largo de las décadas, Antelmo recibió innumerables cartas escritas a mano de sus familiares en México que, con cariño, fue guardando en una maleta. Ahora será Emmanuele quien las custodie, porque éstas se quedarán en EEUU mientras Antelmo se prepara para su última travesía a su tierra natal, un viaje que realizará en dos urnas.

Una será entregada a los hijos afincados en el país azteca. La otra, la que transportarán Michelle, Emmanuele y Sara a Santa María Pipioltepec, contendrá las cenizas que se esparcirán sobre la tumba de Roberto. Su sueño será respetado.

“Es lo único que nos queda, darle una buena despedida, la que se merece”, concluye Michelle.