Óvulos: Las codiciadas joyas de la vida

Óvulos: Las codiciadas joyas de la vida (Parte I)

Los óvulos son gemas preciadas en un mercado de venta legal…e ilegal

15 de noviembre de 2014

Por Aitana Vargas

Desde que Shoko W. cerró los ojos hasta que volvió a abrirlos tan solo habían transcurrido diez minutos. Ese fue el tiempo que un doctor tardó en extraerle los óvulos que durante semanas esta asiática de 30 años había estado produciendo de forma masiva. Cuando, ya recuperada de la sedación, la joven salió por su propio pie de la clínica de Los Ángeles donde se realizó el procedimiento, llevaba en su mano $6.000 en metálico. Era la primera vez que se sometía al proceso de donación de óvulos. Y lo tenía claro: volvería a hacerlo.

“Si donaba una vez y todo salía bien, lo acabaría haciendo siete veces”, comenta.

Así ha sido. Shoko va ya por su séptima y última donación, el máximo número permitido en Estados Unidos. En tres años se ha embolsado más de $60.000. La segunda y tercera vez que realizó el proceso se llevó $7.000 por cada intervención.

Sin embargo, un día, decidió maximizar el retorno económico por sus óvulos y se inscribió en una agencia que, por las últimas cuatro extracciones, le ha pagado $38.000 – una media de $9.500 por donación.

La donación de óvulos se ha convertido en un ingreso lucrativo para mujeres que, como esta japonesa que prefiere no revelar su apellido, deciden someterse a este polémico proceso.

“Se trata de un negocio para mí. No creo que lo hiciera de forma gratuita”, asegura la joven.

A pesar de que la donación está sujeta a impuestos, la asiática confirma que ella ha recibido dinero por debajo de la mesa, lo que revela la existencia de un mercado negro de ‘venta’ de óvulos por parte de algunas agencias o clínicas.

“La primera agencia me pagó el día de la extracción en efectivo”, afirma.

Por su última extracción, Shoko recibirá $10.000 dólares, una cantidad que se queda lejos de los $50.000 que algunas parejas con problemas de fertilidad ofrecen a donantes de universidades de élite, con buen aspecto físico o de una etnia concreta.

A pesar de que la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva ha publicado una guía de recomendaciones éticas que fija en menos de $5.000 la compensación económica ‘apropiada’ y en $10.000 la máxima compensación económica que un donante debería recibir, no todos se rigen por éstas.

En una publicación del Centro Hastings, el catedrático e investigador del Instituto Tecnológico de Georgia, Aaron D. Levine, aseguraba que “la mercantilización se convierte en una preocupación cuando se le pone un valor monetario a los óvulos, pero en particular cuando se le asigna un valor elevado a óvulos de donantes con características específicas”.

Ponerle precio a la semilla de la vida humana y asignarle además un valor económico basado en la calidad del material genético es garantía incuestionable de polémica. El uso de parámetros que, respondiendo a criterios subjetivos, resalten la superioridad genética de unos individuos respecto a otros ha suscitado preocupación desde la época del nazismo impulsada por el dictador Adolf Hitler.

Además, mientras que la etnia y la raza de una persona sí están garantizadas de padre a hijo, no existen estudios que avalen que el intelecto y la belleza de la donante vayan a manifestarse en el descendiente.

Los expertos insisten en que la calidad del óvulo viene determinada por la edad del donante y, por lo tanto, es lo que la pareja receptora debe priorizar.

Para Shoko, el dilema ético estuvo servido desde que inició el proceso de donación en el año 2011.

“No tenía claro si quería que la gente supiera que soy donante porque no quiero que me juzguen”, asegura la asiática. “No necesito que nadie me critique por esto”.

Shoko, que se animó a ser donante por una amiga y por los numerosos anuncios que aparecían en craigslist y en periódicos de distribución gratuita en Little Tokyo, supo negociar al alza las condiciones de su donación. La agencia con la que actualmente tiene contrato no solo le ha embolsado $10.000 en efectivo por cada una de las dos últimas donaciones, sino que además cubre los gastos de avión a las ciudades de donación (San Francisco y Houston), varios días de estancia en hotel, coche de alquiler y comida.

“Aprovecharé para viajar por Texas”, dice en referencia a su viaje a Houston en unas semanas. “Tengo una cita con un fotógrafo talentoso con el que tendré una sesión de fotos”.

En una economía que aún siente los estragos de la crisis financiera de 2008, Shoko, al igual que otras mujeres, se ha convertido en ‘proveedora’ de óvulos como moneda de cambio para seguir sobreviviendo en una sociedad que en pleno siglo XXI no le otorga a la mujer las mismas oportunidades laborales que al hombre. Para la asiática, sin embargo, ser donante no supone ni una deshonra ni algo de lo que debiera estar avergonzada.

“Voy a pagar mi educación con este dinero”, afirma con rotundidad. 

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Óvulos: Las codiciadas joyas de la vida (Parte II)

Se desconocen los efectos a largo plazo de la extracción y venta de óvulos

Por Aitana Vargas

15 de noviembre de 2014

Dos veces al día, con el ascenso y el descenso del sol, Shoko W. se inyecta un cóctel de hormonas en la soledad de su dormitorio. El proceso se prolonga durante varias semanas, tiempo en el que sus ovarios producen multitud de óvulos. La asiática no le teme a las jeringuillas, tampoco a la extracción de óvulos ni a los efectos que todo el proceso –rodeado de controversia– pueda causar en su cuerpo menudo.

Cuando en el año 2011 una amiga le habló de la donación, Shoko pensó: “quizá un día lo haga si necesito el dinero”. Ese día llegó. Y la japonesa no dudó en vender sus semillas humanas a pesar del vacío informativo entorno a las consecuencias para su salud que puedan derivarse de su decisión.

La donación es un proceso que va desde lo incómodo a lo doloroso y que comienza con la donante tomando medicación para interrumpir el ciclo menstrual. En la siguiente fase, la donante se administra inyecciones hormonales para estimular los ovarios y que éstos disparen la producción de óvulos.

El tratamiento puede derivar en aumento de peso, retención de líquidos, irritabilidad y cambios de humor. Pero además puede desatar hiperestimulación ovárica, un síndrome que puede causar coágulos sanguíneos, fallo de riñón y complicaciones mortales.

El procedimiento quirúrgico para extraer los óvulos tampoco está exento de riesgos: una jeringuilla es introducida en los ovarios a través de la vagina y acceder así a las semillas de la vida. Este invasivo proceso, que se completa en unos 20 minutos, se realiza con anestesia local o sedación y puede causar sangrado, reacciones a la anestesia y perforación de órganos internos.

“Los días posteriores a la extracción me tengo que quedar en la cama”, asegura la japonesa. “Me quedo sin energía y siento dolor en los ovarios”.

Aunque sus molestias no deriven en problemas de mayor índole, lo que tanto ella como el resto de donantes desconoce son los problemas de salud que podrían manifestarse a largo plazo. Hasta la fecha, no se han realizado estudios científicos que detallen los riesgos que se asumen de cara al futuro. Pero en caso de presentarse, ni las agencias ni las clínicas cubrirían los gastos médicos que pudiera requerir la donante. De hecho, las clínicas se aseguran de que las participantes firmen contratos eximiendo a todas las partes implicadas de cualquier responsabilidad.

“No sé si podría pasarme algo dentro de unos años. Todavía están experimentando”, señala Shoko.

La incertidumbre que se cierne sobre su futuro no sirvió, sin embargo, para paralizar a la asiática, que ha exprimido al máximo su fábrica de óvulos. Ni siquiera sus valores religiosos se han alzado como un obstáculo para prestarse a la donación. 

“Para mí se trata de compartir…Estoy muy contenta de haber ayudado a alguien con mi donación”.

Las acciones de Shoko han permitido que siete parejas vean cumplido su deseo de convertirse en padres, una opción a la que recurren tanto parejas con problemas para procrear como solteros y homosexuales.

Según datos facilitados por el Centro de Control de Enfermedades y Prevención, “aproximadamente un 12% de las mujeres en edad de concebir en Estados Unidos ha usado servicios de infertilidad” para tener hijos.

De los distintos tratamientos y servicios de infertilidad disponibles para futuros padres, la donación plantea un interrogante añadido. ¿Cómo se garantiza que la donante goza de buena salud y que no sufre enfermedades genéticas?

Antes de iniciar el proceso de donación, la mujer se somete a diversas pruebas médicas, análisis de sangre y facilita el historial médico personal y familiar. Sin embargo, hasta los mismos donantes confiesan que burlar el sistema no resulta complicado.

“Es fácil mentir sobre tu historial médico, pero yo no lo hice”, comenta Shoko. “[La clínica y la agencia] pueden averiguar mi estado de salud, pero no el de mi familia”.

Mientras esta donante en serie se prepara para la que será su última extracción de óvulos, habla con ilusión de la singular posibilidad de conocer a la pareja que tendrá un bebé gracias a su ‘generosidad’.

“Puedo ser la madrina”, comenta. “Si ellos están abiertos a la idea, yo estoy abierta”.

Aunque en este momento Shoko se declare orgullosa de “haber cambiado la vida de otras personas”, con siete donaciones a sus espaldas, su limitada fábrica de óvulos podría cerrar las puertas antes de que un día tenga la posibilidad de tener un hijo con su novio. Ése es uno de los precios que esta mujer ha estado dispuesta a pagar.  

“No estaba segura de haber hecho lo mejor para mi cuerpo, pero de cualquier manera lo hice”.