‘Aunque seamos malditas’, un viaje literario que le cambiará la vida al lector


Aitana Vargas

Por Aitana Vargas

22 de agosto de 2012

Todo el mundo podría sentirse retratado en la historia de Ainur Méndez. El relato de esta joven transcurre en un pueblo recóndito del norte de España donde descubrirá una verdad que habita en el pasado y que le permitirá saber la verdad sobre ella misma. Y es que inmersa en esa verdad se encuentra la clave para entender la terrible persecución a la que es sometida tras denunciar a su jefe por acoso sexual y laboral.

Con un lenguaje minuciosamente cuidado, una narración sorprendente y un trabajo de documentación admirable, la escritora Eugenia Rico describe la historia de Ainur en ‘Aunque seamos malditas’, una novela que navega entre las prácticas y los rituales de la época de la Inquisición española y las calles asfaltadas del presente, hilando la vida de Ainur en pleno siglo XXI, con las de Milagros y Selene, dos mujeres acusadas de brujería que siglos antes fueron sentenciadas a morir devoradas por las llamas de la hoguera.

Tras ganar el primer juicio por acoso laboral de España, Ainur huye de los matones que la buscan y se refugia en el pueblo de su infancia, que se alza en las proximidades de un acantilado de rocas afiladas, manteniéndose oculto bajo una interminable niebla. Allí se enfrentará a esa “maldición” que le persigue en vida como una inexplicable losa diabólica de la que no logra desprenderse y tampoco entender. La aldea asturiana se convierte en el punto donde confluyen el pasado y el presente para la joven y para sus otras dos protagonistas, Selene y Milagros. Como tantas otras mujeres a lo largo de la historia, ellas reclaman una justicia y una dignidad que se les negó porque desafiaban los ‘valores’ y el ‘conocimiento’ del momento histórico que vivieron. La justicia, no obstante, llega a través del tiempo.

“A los perdedores, a los que sentimos que estamos malditos, nos queda sólo el derecho de contar nuestra historia para que alguien nos redima, en otro lugar o en otro tiempo”, afirma Ainur en las páginas de esta formidable novela.

En la casucha donde se refugia la joven – con frecuencia flanqueada por cuervos negros – Ainur se debate entre el sentimiento de ‘culpabilidad’ y el de ‘inocencia’ que le acecha ante la denigrante realidad laboral que le ha tocado vivir. No sabe si es víctima o verdugo. Pronto lo averiguará.

Sus pies van recorriendo las calles del poblado y, con cada pisada, va descubriendo las costumbres locales y a sus supersticiosos habitantes – unos personajes que, sin ellos saberlo, engendran pistas sobre la verdad que ella busca. En su camino se topa con Consuelo, la cotilla del pueblo orgullosa de ser la memoria histórica de éste; el farero, convencido de que el hombre nunca llegó a la Luna; el Señor Oscuro, un misionero retirado en quien Ainur encuentra unos oídos que le escuchan; el perro Satán, que aparece y desaparece como invocado en un ritual de magia; los cadáveres de animales con los que días tras día Ainur se topa por la aldea.

También estos personajes encuentran un lugar protagonista en la narración de la novela. Porque es en esos encuentros casi mágicos donde Ainur destapa la caja negra de sus temores, esos miedos que florecen en sus sueños más anhelados y en sus peores pesadillas y que le permitirán acceder a la verdad – una verdad a la que ansía llegar porque, como si se tratase de un juramento consigo misma, cree que será la tabla de salvación ante su aterrador futuro y los matones que quieren cazarla.

“Llegar hasta aquí no es fácil. Para llegar aquí es necesario haber cogido siempre el camino equivocado. No una. Muchas veces. Confiar en las personas que te traicionarán. Amar a quien no te ama. No saber qué efecto hace el sonido de tu propio nombre cuando otro lo escucha. Estar maldita”, narra la escritora a través de la voz de Ainur.


Eugenia Rico es una de las novelistas españolas más prometedoras y con mayor proyección internacional. Algunos la comparan con Virginia Woolf.

Pero ‘Aunque seamos malditas’ no es una novela que sólo gira entorno a la figura femenina y a las injusticias que han caído sobre ellas a lo largo de la historia.

“No sólo las mujeres son las acosadas y las perseguidas. Las pequeñas persecuciones de todos los días, esas que todos hemos sufrido alguna vez acaban causando tantas víctimas como los grandes desastres de la historia. Y no se habla de ellas. Al menos no lo suficiente”, explica la escritora.

En las más de cuatrocientas páginas que conforman esta obra literaria, Rico concluye que la Inquisición de la Edad Media también encuentra su expresión en la actualidad. Y lo hace a través de los perniciosos medios de comunicación, esos que anulan la capacidad de juicio del ser humano y que podrían incluso calificarse de practicar la brujería. Pero advierte la asturiana, que también existe un inquisidor en cada uno de nosotros, y que éste oprime a sus semejantes en el ambiente familiar y en el laboral.

Eugenia Rico ha tallado una historia con acierto de genio. ‘Aunque seamos malditas’ es una novela que sorprende e impone un estilo propio, que cautiva al lector desde la primera página, una obra con aura metafísica que se lee sola, sin pausas y sin esfuerzo. Un rompecabezas literario hilado con palabras punzantes, frases que desprenden sabiduría y párrafos ingeniosos que aleccionan sobre la vida. Una novela cuyo éxito también reside en su capacidad para seducir al público europeo. En Alemania, los ejemplares de esta obra lucen orgullosos junto a los libros de José Saramago y de Siegfried Lenz, uno de los grandes de la literatura germana. Y sólo es cuestión de tiempo antes de que la literatura y la ‘verdad’ de esta formidable escritora española conquisten las estanterías de las librerías estadounidenses.

“Los novelistas mentimos para decir la verdad. ‘Aunque seamos malditas’ cuenta una verdad que nos importa a todos”, remata Rico. Una verdad que, sin duda alguna, le cambiará la vida a quien la lea.

‘Aunque seamos malditas’. Editorial Suma de Letras. 448 páginas.

Otros trabajos de Eugenia Rico:

‘La muerte blanca’, Premio Azorín 2002

‘El otoño alemán’, Premio Ateneo de Sevilla 2006

‘Los amantes tristes’