Lucas Vidal: La joya musical española que está seduciendo a Hollywood


Lucas Vidal habló con la periodista Aitana Vargas sobre su trayectoria profesional y los grandes desafíos personales que tuvo que superar para triunfar y hacerse un hueco en la escena de la composición musical de Hollywood. Foto: Juan Frausto

Por Aitana Vargas

11 de mayo de 2012

Es una tarde gris y húmeda de primavera cuando el compositor madrileño Lucas Vidal me recibe con entusiasmo en su estudio ubicado en un edificio de dos plantas en la localidad costera de Santa Mónica.

Sentado en una de las salas se encuentra su padre, un hombre de mediana edad, que me saluda con gran amabilidad mientras sostiene un libro y, educadamente, se ofrece a traerme un café.

El padre y la madre de Vidal llevan varios días en Los Ángeles haciendo compañía a su hijo de 28 años, que esta misma semana era sometido a una operación de apendicitis. Al día siguiente, este joven desfilaba por la alfombra roja junto al director James McTeigue y el actor John Cusack para asistir al estreno mundial de ‘The Raven’, la última en una impresionante lista de películas que llevan el sello musical de este portento español.

Lucas Vidal no es un muchacho normal. Como tampoco lo es su historia. Tras su aspecto desaliñado y risueño se esconde un hombre sensible, simpático y de gran talento. Sin haber cumplido 30 años, cuenta ya en su haber con una colección de créditos musicales que despiertan la envidia y admiración de cualquier joven compositor: entre sus logros destacan títulos como ‘Vanishing on 7th Street’, del director estadounidense Brad Anderson y ‘Mientras Duermes’, un largometraje español dirigido por Jaume Balagueró.

El esfuerzo y carisma del artista le han servido para aterrizar con éxito – y a una temprana edad – en la competitiva industria americana – un mercado donde sólo los mejores músicos del mundo se hacen un hueco, y donde Vidal ya tiene el suyo. Pero el camino del reconocimiento para este madrileño ha sido una batalla contra obstáculos que hubieran desalentado a muchos.

La andadura del compositor arranca en Mirasierra, una localidad de la capital española donde residen familias económicamente acomodadas. Lucas Vidal creció en el seno de una familia de músicos, artistas y bailarines que también se forjaron carreras internacionales en sus respectivos campos. Pero si se puede hablar de una figura específica que verdaderamente plantó la semilla del precoz éxito de este muchacho, ésa fueron sus padres.

“Recuerdo yo, por ejemplo, los fines de semana estar jugando a los lego y mi padre tocando el piano. Entonces me decía ¿qué nota es esta? Y yo decía, pues un La, un Si bemol”, cuenta el artista.

A los cuatro años, el pequeño Lucas ya ocupaba el asiento de su padre y comenzaba a juguetear con las teclas del piano – un instrumento que, al contrario que la televisión, nunca faltó en el hogar familiar de los Vidal.

“Mi padre y mi madre nunca quisieron que tanto mi hermano como yo viéramos la tele, cosa que, de alguna forma, me ayudó un poco también a crearme mis propios mundos y, sobre todo, a enfocarme en la música clásica”, comenta.

Ya a los ocho años, Vidal pasaba día y noche perdiéndose entre las teclas y melodías del piano e incluso relata entre risas que “me castigaban sin tocar si me portaba mal”, algo que al pequeño artista no le sentaba nada bien.

Pasarían los años, y este niño prodigio y su música madurarían. Pero sus ganas de seguir descubriendo armonías no cesarían. Así que, con el respaldo incondicional de sus progenitores, Vidal hizo las maletas en plena adolescencia y puso rumbo a Boston para continuar su formación musical en la prestigiosa Berklee College of Music.

“Siempre me dijeron que me tenía que dedicar a la música”, dice refiriéndose a sus padres. “Siempre me apoyaron cuando además, en una sociedad como es la española y sobre todo en Madrid, aquel que es un poco como artistilla o va por el mundo de la música, suele ser el raro de alguna forma”.

Al aterrizar en Boston, Vidal fue recibido por su primo, quien tiempo atrás había recorrido el mismo camino hacia Estados Unidos para impulsar su carrera internacional como bailarín profesional en el Boston Ballet.

Pero tiempo después de dar el salto internacional, la vida quiso que el aprendizaje y la carrera del artista se frenaran en seco.

La sonrisa se desvanece del rostro del joven al preguntarle por la que él califica como la “experiencia más difícil” de su vida. Y es que apenas contaba 20 años cuando le diagnosticaron cáncer y tuvo que regresar a su España natal para recibir tratamiento.

“Creo que ese fue el gran giro de mi vida”, dice lleno de emoción. “Ya estaba bastante enfocado en mi carrera pero, recuerdo estar dándome quimioterapia y estar pensando todo el rato en plan, pues mi obsesión es grabar música para cine. Quiero grabar en Abby Road o en Los Ángeles con una orquesta grande una película de acción”.

“Siempre trataba de conseguir este sueño”, añade.

Dicen que uno nunca sabe la fuerza que posee hasta que ser fuerte es la única opción que le queda. Y ése es, sin duda, el caso de este joven. Tras varios meses de recuperación, Lucas Vidal regresó a las aulas de Berklee. Y poco, muy poco, tardó el claustro de profesores en reconocer el talento innato y las ganas de trabajar del madrileño. Así que, le brindaron todo su apoyo y pulieron a este diamante en bruto hasta convertirlo en una joya de la composición musical.


Lucas Vidal compuso su primera banda sonora para una película a los 21 años. El artista acaba de estrenar ‘The Raven’, su último trabajo.

En un acto sin precedentes, la universidad puso a disposición de Vidal y de su actual socio, Steve Dzialowsky, una orquesta formada por decenas de estudiantes. La grabación fue todo un éxito. Y de ahí, se sucedieron, una tras otra, el resto de oportunidades. Gracias a uno de sus profesores, a los 21 años este español ya había compuesto su primera banda sonora para una película – toda una hazaña para alguien de su juventud y que aún no se había licenciado.

“Creo que parte de la precocidad que he tenido en mi carrera ha sido un poco por ese enfoque que he tenido desde que me dio el cáncer”, dice el artista.

En el estrago y tenaz lucha por superar la enfermedad, Vidal halló la fuente de inspiración y la motivación que, tiempo después, le abriría las puertas de la gloria a la industria cinematográfica de Hollywood. Ese pulso con el cáncer que el compositor se vio obligado a encarar sentó las bases que le ayudarían a esculpir una carrera artística fundamentada en la disciplina y en la capacidad de crecerse ante la adversidad.

Pero, aunque los años de quimioterapia hayan quedado atrás, su recuerdo no se diluye. Y es evidente que nunca lo hará.

En otoño de este año, el músico estrenará ‘The Cold Light of Day’, una película dirigida por Mabrouk El Mechri y con la actuación destacada de Bruce Willis y Sigourney Weaver. Al relatar la grabación de la película, al joven, se le quiebra de nuevo la voz.

“Recuerdo grabando la música de la película de Cold Light of Day – que es una peli de acción – en una escena que estaba Bruce Willis y estábamos grabando en Abby Road, con una orquesta gigante. Y bueno, me emocioné un poco porque me acordé de aquellos momentos que estaba ahí con la quimio, que se pasaba bastante mal”.

Pese a su talento y el impulso indiscutible que le imprimió su familia, la de Vidal ha sido una carrera de obstáculos, empeño y constancia. Sin perder la sonrisa, el compositor comenta que no ha habido atajo ni trampolín que, sin esfuerzo, le haya catapultado adonde se encuentra ahora.

“Bueno, la verdad es que ha sido un trampolín bastante duro. La gente me dice ¡joder, qué suerte tienes! Y les digo yo ¿qué suerte? ¡Una leche! Vamos, que he tenido que estar trabajando un montón”.

Durante la época de post producción, Vidal llega a pasar hasta dieciséis horas al día componiendo melodías, hablando con los directores de las películas, asistiendo a rodajes y atendiendo a la prensa.

Entre grabación y grabación, reserva tiempo para rodearse de otros compatriotas españoles que viven en Los Ángeles. También surca el océano Atlántico varias veces al año para reunirse con su gente en Madrid y atender diversos compromisos profesionales en España, consciente de que ocupa una posición privilegiada y al alcance de muy pocos.

“Me siento muy afortunado porque sigo haciendo películas españolas a la vez que películas americanas. Y me siguen llamando en lo que es el cine español, cosa que también a título personal, pues como español, me siento bastante halagado”.

Aclara, sin embargo, que “en Estados Unidos me han dado unas oportunidades que en España al principio no me dieron. Entonces, ahora que empiezo a tener aquí más nombre es más fácil acceder al cine español. Pero, desde luego que si no hubiera tenido la opción de ir a Estados Unidos, dudo mucho que estuviera ahora haciendo lo que hago”.

Siguiendo la estela marcada por el también compositor español Alberto Iglesias, a lo largo de este año, Vidal sumará a su lista de logros la composición musical para varias películas, que incluyen ‘Invasor’, del director español Daniel Calpasoro, ‘After Party’, de Miguel Arraya, un largometraje italiano y posiblemente dos películas con sello estadounidense. El broche de oro lo pondrá el próximo 15 de mayo con el estreno de una danza para el Boston Ballet.

Y es que pese a la apretada agenda del madrileño, Vidal ha decidido preservar la tradición familiar no sólo componiendo piezas musicales para ballet, sino además asistiendo todos los martes por la tarde a una cita indispensable con clases de danza. Con gran sentido del humor, confiesa que, pese a las ganas que le echa, esta disciplina se le da “bastante mal”.

“Noto que no progreso, pero bueno. Además somos dos en clase: dos chicos y como veinte chicas. Y entonces claro, todos me miran en plan ¡ay, qué raro es ese! Y yo les miro en plan, joer, soy el más listo de todo el gimnasio”.

“Vamos, hombre, éstos no me echan porque soy simpático”, agrega entre risas.

Un día después de nuestro encuentro, volví a coincidir con Lucas Vidal en la presentación mundial de ‘The Raven’, realizada en un edificio histórico en pleno corazón de Los Ángeles. En esta ocasión, el compositor iba enfundado en un elegante traje negro y unas zapatillas de deporte. Se paró unos minutos para charlar conmigo y, con esa naturalidad que le distingue, retomó poco después su camino para reunirse con el resto de compañeros de rodaje.

Y la verdad sea dicha: era inevitable no sentir orgullo al ver a este amante de Bach y superviviente de cáncer desfilar con gran desparpajo junto a las grandes figuras del cine mundial.

En una época en la que el pueblo español se descompone a pasos agigantados, es alentador contemplar que un joven madrileño está llamado a convertirse en uno de los máximos exponentes del panorama musical internacional. Vidal, que mantiene fuertes lazos con sus raíces, lamenta sin embargo, que España ni cuide ni invierta más en su cantera musical nacional.

“Es cierto que hice algún que otro curso ahí [España] y nunca me becaron ni nada, cosa que bueno, es una pena. Y sobre todo es una pena para jóvenes que a lo mejor no puedan tener el acceso que tuve yo a lo que es la cultura”.