Israel pendiente de Egipto


Aitana Vargas en el Haram al-sharif en Jerusalén

Por Aitana Vargas

27 de febrero de 2011

Los ojos del mundo entero siguen muy de cerca la evolución de la crisis que atraviesa el país de los faraones. Y, por supuesto, algunos países tienen más interés que otros en las consecuencias que tendrá el desenlace final de esta revuelta.

Aunque de momento, se han pronunciado de manera muy moderada al respecto, los Israelíes saben bien que del desarrollo de esta crisis dependerá el futuro equilibro de la región y el proceso de paz con el pueblo palestino.

Egipto fue el primer país árabe en firmar la paz con Israel en 1979. El presidente egipcio Hosni Mubarak, que lleva 30 años al frente del país, ha contribuido a preservar dicho pacto. Y de marcharse Mubarak del poder, no cabe duda que podría desestabilizar las relaciones existentes entre Israel y Egipto, poniendo en peligro los intereses del país hebreo.

Ante la presión popular del pueblo egipcio, el presidente Mubarak se vio obligado la semana pasada a nombrar a un nuevo vicepresidente. Y nombró a Omar Suleiman, un hombre que, aunque a priori contribuiría a mantener las buenas relaciones con Israel, no tiene al apoyo del pueblo egipcio, que quiere derribarlo.

Y, aunque incluso Estados Unidos, un aliado tanto de Egipto como de Israel, está pidiendo una transición ordenada y lo menos convulsa posible hacia un gobierno con mayor apertura democrática, esto no sería lo que más beneficiaría a Israel.

El principal problema de implantar una democracia más abierta sería la vuelta a escena de actores políticos en Egipto que harían peligrar los intereses israelíes y el mismo sistema democrático. En concreto, me estoy refiriendo al partido de la oposición a Mubarak: La Hermandad Musulmana –– una organización que velaría mucho más por los intereses de los palestinos, que por los de su enemigo hebreo.

Y si esta hermandad, con gran tradición en Egipto y cuyos tentáculos se extienden por otros países, resurgiera, su visión más radical del Islam se impondría, haciendo temblar el acuerdo de paz de 1979 y dinamitando cualquier posibilidad de un pacto entre israelíes y palestinos.

Y mientras la crisis continua en Egipto, Israel tampoco debería perder de vista la situación en el Líbano. Hezbollah ha conseguido que caiga el gobierno de Saad Hariri, lo que a efectos prácticos, equivale a decir que la amenaza de Irán se cierne todavía con más fuerza sobre Israel.

Momentos de mucha inquietud, por lo tanto, para Israel y sus aliados, que ven en la crisis de Egipto los elementos explosivos necesarios para desestabilizar toda la región.